Mostrando entradas con la etiqueta DIARIO DEL GERENTE. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta DIARIO DEL GERENTE. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de septiembre de 2012

DIARIO DEL GERENTE - CAPITULO 10



Capítulo X, Un plan casi perfecto


Una noche espectacular, una mañana aún mejor y un almuerzo delicioso había tenido antes de llegar a comprar el vestido a mi esposa. Obvio que no estaba en ninguna tienda, sino en el taller del diseñador que hacía los vestidos a toda la familia de ella para matrimonios, bautizos y cualquier otro tipo de evento. El vestido que yo estaba buscando era uno que le habían mandado hacer al diseñador, pero que finalmente no se le habían comprado. Este era largo, de una pieza y mezclaba un color azul profundo con toques de diferentes blancos. Recordaba haber escuchado a mi esposa decir que estaba hecho de diferentes y muy elegantes telas, pero para mí era sólo un vestido más. Mi mujer se lo había probado varias veces, pero nunca se animó a comprarlo porque no se atrevería a ocuparlo en ninguna fiesta por el pronunciado escote y la apertura de la espalda, que eran demasiado atrevidas para lo que comúnmente usaba. Yo pensaba que esta sería la ocasión perfecta para que lo vistiese, ya que no estaría expuesta  a nadie, pudiendo  sentirse sensual y bella que creo que era lo que sentía cada vez que venía a probárselo.  Por su parte, mi secretaria coordinó con la asistente de mi casa el retiro de las joyas, yo sabía que ella guardaría el secreto y sería cómplice, ya que a sus sesenta años me adoraba y regaloneaba con la comida como una madre que regalonea a un hijo.

Una vez comprado el vestido volví a la oficina a chequear con mi secretaria todos los detalles, estaba todo listo y en orden para seguir con la ejecución del plan. Llamé a mi esposa para saludarla y de pasada le conté que estaba cansado y que me quedaba trabajo, ya que tenía una reunión  a las afuera de la ciudad por lo que mi día estaba bien complicado. Ella me contó que estaba contenta acompañando a su madre a realizar algunos trámites y que no tenía compromiso para hoy, diciéndolo para que yo recogiese el guante y la invitara a salir, pero me hice el desentendido. Esto hizo que al despedirnos ella lo hiciera con una voz que dejaba escapar una pequeña decepción, lo que hacía que las expectativas no sólo no existieran sino todo lo contrario el no haberla invitado a salir haría que la sorpresa fuera aún mayor y mucho más gratificante.

Una vez arreglado todo salí rumbo al lugar donde partiría toda la acción, era un restorán de carretera muy conocido que en un comienzo fue de encuentro de camioneros que con el tiempo se había dado a conocer como un lugar de comida típica. Manejé cerca de cuarenta y cinco minutos revisando en mi mente una y otra vez todos los detalles, ya que me emocionaba de sobremanera la ejecución del plan. Cuando llegué al lugar, que se encontraba a media capacidad dada la hora,  me senté en una mesa, pedí una cerveza acompañada de snacks y saqué mi teléfono para llamar a mi esposa, quien sorprendida me atendió y me preguntó si estaba todo bien, ya que en esos días era raro que la llamara dos veces en tan poco rato. Yo le expliqué que no había nada grave y le conté la mentira del rechazo de la tarjeta de crédito que había preparado, ella me preguntó extrañada si no andaba con chequera u otras tarjetas y le dije que las había olvidado en el hotel. “¿Cómo tan desordenado?”,  me preguntó increpándome, señal que el plan estaba funcionando ya que obviamente aceptaría ayudarme pero no con muchas ganas.

Esperé cerca de una hora hasta que llegó al restorán y cuando llegó se bajó con las llaves, el teléfono y la tarjeta de crédito para pagar la cuenta. Se sentó y me comentó que fue muy incomodo el viaje y que el sólo pensar que debía manejar de vuelta la agotaba. Yo le dije que no manejara y ella me miro con una cara de “¿y a este que bicho le picó?”, pero antes que dijera algo le tomé la mano y le pedí que me acompañara. Cruzamos un pasillo y llegamos a una puerta que estaba alejada de los comedores y ella no paraba de preguntar “¿a done me llevas?” un tanto incomoda por la incertidumbre. Cuando abrí la puerta y entramos a un cuarto bien aseado, hecho para descanso del administrador del restorán, lo primero que se veía era el vestido que se estiraba a lo largo de un sillón. Ella me miró con cara de sorpresa e inmediatamente fue  a verificar si el vestido era el que tanto le gustaba.

Una vez que se cercioró que era el que había querido comprarse,  lo acomodo en su pecho y preguntó que qué estaba pasando, yo la miré a los ojos y le dije si estaba dispuesta a vivir una aventura divertida. Recién en eso momento ella notó que yo usaba un traje diferente, que era muy elegante para el lugar y miró el vestido y dijo sonriendo; “estoy dispuesta, pero con una condición”  y antes que yo dijera algo ella dijo “me prometes que te quedas con esa ropa y no te pones ningún pantalón de mariachi”, lo cual sacó risas de ambos. Me pasó su teléfono, tarjeta y llaves, de los cuales los dos primeros guardé en mi chaqueta y las llaves se las entregué al encargado del lugar con quien había acordado mandaría a alguien a llevar el auto al edificio donde sería la cena romántica.

Esperé cerca de treinta minutos antes de ver a mi mujer salir del pasillo y acercarse a la mesa donde yo estaba sentado. El vestido hacía resaltar su delicada figura dándole un toque de elegancia y distinción máxima, quedé sorprendido y con muy pocas palabras que decir, pero sí entendí porque le gustaba probarse tanto ese  vestido. “¿Cómo me veo?”, me preguntó sabiendo que la respuesta no podía ser otra distinta a que se veía hermosa, lo que ella agradeció con una sonrisa.

Cuando me preguntó dónde iríamos y en cuál de los dos autos,  le dije que no se adelantara y que me acompañara afuera, lo cual la hizo poner una cara de pregunta que en poco rato se transformó en cara de sorpresa al ver que nos subíamos a un helicóptero para abandonar el lugar. Una vez en el aire ella me tomó la mano y la apretó muy fuerte por el nervio que le producía este vuelo. A los pocos segundos se comenzaron a ver las luces de la ciudad a lo lejos  marcándose las avenidas como líneas que la segmentaban y  en no más de diez minutos estábamos volando por encima de los edificios y calles de la ciudad, lo que era una vista bastante hermosa la que nos mantenía mirando todo el rato por las ventanas.

Cuando nos acercamos al edificio que nos esperaba, ella apretó aún más fuerte la mano, quizás porque la sensación de descenso a esa altura sobre un espacio pequeño era aún más más vertiginosa. Una vez que aterrizamos, un mozo la ayudó a bajar y nos guió hasta donde sería servida la cena. El lugar estaba muy bien decorado, había arreglos florales por todos lados y alfombras que cubrían la loza sin terminación del edificio. Apenas llegamos al lugar la cantante y los músicos comenzaron el repertorio con una versión femenina de “What a wonderful world” de Louis Amstrong.

El mozo  invitó a sentarnos, lo cual hicimos y  sirvió una copa de  Moët & Chandon Brut Impérial Magnum, mientras ella me decía que cómo se me había ocurrido preparar tal nivel de locura. Mientras yo le explicaba, la intérprete comenzaba a cantar una versión de Unforgetable de Nat King Kole, ante lo cual paré la conversación y la invité a bailar. Una vez abrazados girando ante la suave voz de la cantante y una pequeña briza que cruzaba el lugar, nos miramos sin decirnos nada por unos treinta segundos y después ella apoyó su cara sobre mi pecho y seguimos bailando hasta que el mozo nos avisó que la cena estaba lista.

La langosta estaba servida en un plato de muchos colores y bien adornado, lo que hacía que no fuese sólo un placer para el paladar sino que también para la vista. Mientras comimos ella habló del día que había tenido con su mamá, mientras a lo lejos se escuchaban canciones como “Moon River” de Louis Armstrong, “At Last” de Etta James y “Lover Man” de Charlie Parker, entre otras.

En la cena, el filete de avestruz estuvo delicioso preparado con una salsa agridulce que incluía nueces y pasas. La ensalada verde era muy llamativa, ya que era una colección de todo tipo de hojas las que habían sido aliñadas con diferentes especias, limón y aceite de oliva. Mientras cenábamos, algunas de los títulos que la cantante interpretó fueron “When I Fall In Love”  de Miles Davis, “Drume Negrita”  de Arturo Sandoval y “You Don't Know What Love Is”  de Sonny Rollins. Los temas que conversamos fueron triviales, pero me preocupaba de sacarle sonrisas durante todo el rato, algunas de las cuales se convertían en carcajadas.

Antes de que trajeran el postre ella me miró y me dijo, “déjame adivinar, ¿suspiro limeño?”, con una sonrisa asentí con la cabeza y ella me tomó la mano y  dijo que le encantaba cuando yo recordaba sus gustos. La conversación y las risas siguieron por un buen rato, creo que en total debimos haber estado en el lugar unas tres horas cuando comenzó hacer un frío que nos recordó que era hora de partir. Antes de retirarnos  ella me dijo que había sido todo maravilloso, pero esperaba que no creyera que esto significaba que estaba lista para perdonarme, pero que si creía que iba ser capaz y que ahora sólo había que dejar que el tiempo fuese haciendo su trabajo. Dado el frío cubrí su espalda con mi chaqueta y bajamos por el ascensor conversando y tomados de la mano. Una vez en su auto que estaba con las llaves puestas ella me miró como para darme un beso al cual accedí, ya que aprendí desde chico que a una mujer no se le debe dejar esperando por un  beso y yo por sobretodo soy un caballero. Fue un beso tierno, húmedo que no invitaba a ningún lugar sino sólo transmitía un sentimiento fuerte de amor que esa noche recordamos que aún era abundante en nuestros corazones. Una vez en el auto me miró, sonrió y me hizo un gesto con los ojos de despedida.

Cuando llegué a mi auto, con una sensación de completa satisfacción dado que todo había salido como estaba planeado dejé mi chaqueta en el asiento trasero del auto y antes de tomar rumbo al hotel me decidí llamarla para decirle lo mucho que la amaba. Mientras  llamaba empezó a sonar un ruido de un teléfono en el asiento trasero, lo cual me llamó mucho la atención. Cuando tomé mi chaqueta, que era de donde provenía el sonido recordé que ahí había guardado el teléfono de mi esposa y este sonaba por la llamada que yo estaba haciendo, lo cual me hizo sonreír. Cuando tomé su teléfono me llamó la atención que tenía diecisiete mensajes de texto sin leer, lo que me produjo un poco de curiosidad y me dispuse a leerlos.

No había terminado de leer el primer mensaje cuando mis manos comenzaron a tiritar y un profundo dolor comenzó a producirse en mis zona abdominal, una sensación de vértigo se estaba apoderando de mi y el dolor comenzaba a  cruzar todo mi pecho, me empecé a sentir mareado y atontado sin entender que pasaba o más bien mi mente no había querido procesar lo que había leído, pero si lo había hecho mi cuerpo. No entré en razón hasta cuando me di cuenta que mis ojos se llenaban de lágrimas y los tiritones en mis manos eran incontrolables, mi vista volvió a fijarse sobre la pantalla del teléfono de mi esposa y volví a leer el mensaje, pero esta vez tratando de retener lo que leía. El dolor llegó a mi garganta segundos después que había vuelto a leer que el mensaje que había abierto decía “mujer te amo y seguiré luchando por ti, pese a los intentos de volver de tu marido, la última noche que pasamos haciendo el amor fue maravillosa”. Cuando terminé de leer el mensaje, esta vez en forma consciente, el dolor que se había apoderado de mi garganta se había transformado en vómito y el tiritón de mis manos no permitió sostener el teléfono dejándolo caer sobre el asiento, mientras mi ojos que en un principio se habían llenado de lágrimas ahora por ellos escurría en grandes cantidades. Mi llanto era silencioso, dado que el dolor que presionaba mi pecho no me dejaba respirar, por lo que salí del auto tiritando y tuve que gritar con una fuerza tremenda para poder liberar espacio y poder recuperar el aliento, lo cual logré y justo después de volver a inspirar aire lo expulsé con un llanto fuerte.

No sé cuánto tiempo me quedé en el lugar, pero apenas los tiritones disminuyeron decidí subirme al auto y volver al hotel. Una vez en él, de seguro con una cara espantosa, me encontré con el barman que me detuvo y  puso una mano en mi hombro y  dijo “todo pasa por algo”, ante lo cual dije gracias y seguí mi camino a la habitación como un zombi sin haber procesado en absoluto sus dichos. Una vez dentro, me recosté con ropa, me tapé con el cubre camas y evitando pensar me quedé dormido con un fuerte dolor en el pecho que no pretendía desaparecer.

DIARIO DEL GERENTE - CAPITULO 9



Capítulo IX, Planificación estratégica.


La mañana siguiente a la “golpeada noche” no sólo amanecí con un tremendo dolor en la cara, sino también al mirarme en el espejo vi que por debajo de mis ojos se me había puesto todo de color morado. Mi cara era un desastre, pero tenía el consuelo de que era momentáneo y no quedaría con marcas permanentes como tampoco requeriría algún tipo de cirugía.

Antes de ir al trabajo tuve que pasar a comprar unas gafas que permitieran tapar en parte los hematomas de mi cara. El mensaje dejado la noche anterior  por la nieta del viejito tenía mi menta bastante confundida, de una manera tal que a veces del dolor desaparecía por completo, seguro que cada vez que pensaba en ella generaba endorfinas las que me daban una sensación de bienestar. Me preguntaba qué me estaba pasando, aunque en el fondo sabía que cualquier conclusión pasaba por calificar lo que sentía como una sensación de enamoramiento, lo cual me aterraba, sobre todo ahora que las cosas con mi esposa  estaban caminando y se abrían posibilidades verdaderas a una reconciliación.

La única forma de sacar a la nieta del viejito de mi mente fue idear una locura que me enfocara cien por ciento en mi esposa, por lo que rumbo al trabajo fijé mi mente en un solo objetivo, hacer algo que llamara su atención de sobremanera. Así fui observando cada cosa que se me atravesaba en el camino e inmediatamente la asimilaba a alguna locura. Por ejemplo en la calle vi un mimo y se me ocurrió llegar con unos veinte de ellos a la casa de mi esposa  haciendo de sus juegos dirigiéndola a mi auto, donde yo la esperaría con un lindo ramo de flores  y de ahí irnos a comer, pero no me gustó. Después vi una mujer  con delantal blanco bien hermosa la cual desvió la atención de mi mente a un lugar que no era conveniente, pero después de un rato me la imaginé como masajista en una sesión completa de spa junto a mi esposa, pero tampoco me convenció dado que una cita así pondría en riesgo mi concentración, ya que me podría llevar a estar pensando en cómo sería la misma sesión pero desnudos y solos con la masajista.  Cuando paré en un semáforo vi el edificio más alto de la ciudad que está en construcción y me imaginé que la vista desde lo alto del edificio sería maravillosa por lo que pensé que una buena idea sería hacer una cena romántica con música en vivo y atendidos por unos garzones en la azotea del edificio. Cuando vi que el edificio tenía el helipuerto ya construido me cerró todo, una llegada en helicóptero sería genial, lo que me hizo sonreír dado que la locura estaba tomando forma y mi día consistiría en prepararla.

Llegando a la oficina eliminé todas las reuniones de trabajo de la agenda y comencé a hacer los contactos necesarios. El gerente de finanzas de la inmobiliaria que construía el edificio, había sido mi compañero en el MBA y además le había hecho algunos favores contratando un par de familiares de él en cargos de poca relevancia. Logramos hacer contacto como a las doce del día y quedó en responderme al final de la tarde sobre la factibilidad de prestarme el lugar, claro está que entendió que con este favor él quedaba liberado por lo que yo sabía que se la jugaría además no tenía costos relevantes para él.  La fecha acordada sería mañana jueves, por lo que ahora  me faltaba  coordinar la música y el banquetero, trabajo que asigné a mi secretaria.

El helicóptero se lo encargué al gerente de operaciones, ya que sabía que tenía un amigo que era dueño de una empresa que prestaba estos servicios, pero en vez de pedirle un favor le pedí que cotizará treinta vuelos el año, vuelos que finalmente no haría. Le dije que  si tenía un proveedor de confianza, yo estaba dispuesto a probarlo pagando  un vuelo  a mitad de la tarifa. Se movió rápido, ya que un potencial contrato como ese sería una muy buena noticia para su amigo, por lo que después de almuerzo el trato estaba cerrado.

Lo único que me faltaba era definir cómo haría que mi esposa me acompañara sin tener que explicarle nada, decirle “ponte bonita que esta noche te tengo una sorpresa” no  me sonaba perfecto, debía hacerla llegar algún otro lugar sin siquiera sospechar que era para tener una cita con ella, lo cual pensé durante todo el almuerzo y gran parte de la tarde teniendo como resultado una muy buena estrategia. La llamaría desde un lugar en las afuera de la ciudad para decirle que  yo estaba en problemas y que necesitaba de su ayuda tratando de no alarmarla demasiado, debía venir tranquila pensando que era demasiado tedioso prestarme socorro, sería resolver un trámite administrativo o algo así. Una vez en el lugar aparecería yo vestido formal y muy elegante y la haría pasar a una pieza donde estaría un vestido hermoso que compraría al día siguiente junto a joyas de ella que sacaría de la casa, ya que la compra de joyas no era una carta a jugar todavía.

Eran casi las seis de la tarde y tenía todo coordinado, yo estaría en un restorán que está en una de las carreteras a las afuera de la ciudad, donde supuestamente no me dejarían abandonar el local porque al pagar mi tarjeta supuestamente sería rechazada, por lo que le pediría ayuda a mi esposa. En el mismo terreno del restorán, que es bastante amplio, estaría el helicóptero que nos llevaría al edificio que ya me había conseguido el gerente de finanzas de la inmobiliaria. La música estaría compuesta por un violín, un saxo y un contrabajo sumado a una cantante de jazz que daría el toque sensual a la noche. La comida estaría preparada y sería langosta de entrada, un exquisito filete de avestruz y ensaladas verdes sería la cena , la cual finalizaría con un rico suspiro limeño, postre que era uno de los preferidos de mi esposa.

Llegué al hotel muy cansado y me fui directo a mi habitación, dado que no tenía ganas de encontrarme con el barman o con cualquier otro idiota que me hiciera tener nuevamente una agitada noche. A través de servicio a la habitación pedí la cena, la cual comí viendo las noticias de la noche. Una vez que terminé me acosté muy emocionado por la preparación de la actividad, pero sentía igual como el recuerdo de la nieta del viejito quería entrar a mi mente, pero este era bloqueado por la emoción de la planificación de la cita con mi esposa. Temprano me quedé dormido y puede descansar después de varios días difíciles que habían complicado mi vida de una manera que no había sucedido antes.

domingo, 16 de septiembre de 2012

DIARIO DEL GERENTE CAPITULO 8


Capítulo VIII, Rudolph el Reno


El martes viajé temprano desde el centro invernal a la oficina, quería evitar el molesto tráfico, lo cual no logré. Un augurio de que no sería un buen día fue que no paró de llover en toda la mañana y tuve que suspender mi partido de golf agendado de once de la mañana a la una de la tarde, así que le pedí a mi secretaria que asignara reuniones en ese horario. Tráfico y lluvia ya eran motivos suficientes para dejarme molesto, necesitaba desquitarme y agendé una reunión a primera hora con el gerente de recursos humanos. Algunos piensan que soy abusivo y tienen razón, pero concentro mi abuso en una sola persona para que el resto me siga queriendo, además esta persona siempre es un hombre y no una mujer, antes que todo soy un caballero.

El día transcurrió dentro de lo normal, aburridas reuniones de trabajo en las cuales me dediqué a jugar Angry Birds Rio, juego del que aún tengo etapas por concluir. Debo ser sincero, la salida de la gerente de marketing había puesto un poco aburrido el trabajo, ya que lo había convertido sólo en eso, trabajo. Lo único fuera de lo normal era la insistencia de Chief en hablar conmigo, el gerente general de otra empresa que me había invitado a la fiesta del jueves pasado. Dado que la última imagen de Chief era abrazado y besándose con un sacerdote en la fiesta, hacía que no tenía ganas de conversar con él, para ser sinceros me producía una sensación de asco sólo acordarme de esa imagen, por lo que no respondí sus llamadas.

Al final del día fue tanta la insistencia de Chief que me hizo pensar un rato si me convenía o no responderle y para mantener lazos comerciales pues aún tenemos un negocio entre ambas empresas decidí devolverle la llamada. Me contestó con una voz muy preocupada, se notaba que había algo que lo afligía de sobremanera y me solicitó que nos juntáramos urgente en algún lugar,  accedí y quedamos de juntarnos a las nueve de la noche en el bar del hotel donde alojaba.

Mientras manejaba devuelta al hotel se me repetía la imagen de la nieta del viejito, ella me producía una sensación agradable que me confundía, por lo que trataba cambiar el pensamiento a la reunión que tendría con Chief. “¿Qué será lo que le preocupa tanto a este hombre?”, pensaba. Supuse que sólo quería que su secreto no se supiera. Una vez en el hotel, tomé una ducha y cambié mi ropa formal por un pantalón y una camia blanca sport, luego bajé al bar del hotel.

Eran pasadas las nueve de la noche cuando apareció Chief en la puerta del bar, miraba desesperadamente por todos lados tratando de encontrarme y cuando lo hizo se acercó a mi mesa caminando bien apurado. Una vez que se sentó y antes que lo saludara me dijo “¿qué cagada te mandaste weón?.  Lo primero que se me vino a la mente fue pensar cuál de todas, ya que los últimos días los aciertos no predominaban mucho.  “¿Qué cagada te mandaste con el abogado?”  volvió a decir, pero seguía lento quizás porque la imagen de la nieta del viejito aparecía en forma intermitente, quizás porque no lograba entender aún la preocupación de Chief o simplemente porque estaba cansado y sólo quería tener una noche tranquila y relajada. “Explícate un poco mejor que ando lento” dije a Chief poniendo cara de molesto para que la comunicación fluyera de manera más ágil y pudiésemos cerrar el asunto pronto para despacharlo y tener mi noche de tranquilidad tan esperada.

Chief me contó que un abogado se había quejado porque había sido amenazado con que divulgarían su actuación en la fiesta del jueves. Revisaron los videos de la entrada y el abogado me había reconocido, pero como no tenían contacto conmigo supusieron que yo había llegado con Chief a esa fiesta dado que nuestros autos entraron prácticamente juntos. “Les dijiste que no llegamos juntos, ¿verdad?” le pregunté a Chief con un tono inquisidor y el muy desgraciado no sólo responde que había dicho que yo había llegado con él a la fiesta, sino que también había dicho que hoy estaría en el bar de este hotel desde las nueve de la noche en adelante por lo que ahora el abogado venía buscarme. “Chief eres un maricón” le dije, pero que se podía esperar, si él era un gerente general y  tengo muy claro que es parte de la formación entregar a otros rápidamente si el defenderlos no te trae un mayor beneficio.

Cuando terminaba de contarme los detalles de la pronta visita del abogado, le sirvieron a Chief un tequila sunrise que había pedido cuando llegó, el barman me miró de una manera muy extraña, como si supiera que algo pasaba y que el bar vería una escena fuera de lo normal, lo cual le incomodaba mucho. “Lo sabía” dijo cuando vio que en la entrada del bar a dos gorilas que parecían armados, luego me di cuenta que acompañaban al abogado, ellos se quedaron resguardando la entrada. Recién ahí entendí que la situación era mucho más compleja de lo que yo esperaba y era bastante probable que esa noche de tranquilidad que tanto deseaba no llegaría. Cuando el abogado nos divisó, me di cuenta que era el tipo a quien había amenazado la noche anterior, el abogado de mi señora, se nos acercó caminado con una sonrisa de venganza que me producía algún grado de perturbación, recordar el tipo de fiesta que hace esta gente hacía que me diera pavor pensar en las maneras que tienen de vengarse. Razoné por un instante y pensé que tanto puede pasar, pero no duró mucho al ver que existían alternativas como que me golpearan, me violaran o simplemente me hicieran desaparecer, por lo que tal nivel de incertidumbre me comenzó a producir miedo.

Una vez que el abogado se sentó junto a nosotros me miró con una sonrisa en la cara y me dijo “¿así que te gustó amenazar con contar que corría a poto pelado?, veremos ahora si te gusta lo que viene hijo de puta, ahora te paras y nos acompañas por la buena o los gorilas de la puerta te llevarán a la mala, tú eliges”.  Si les dijera que no me asustó sería una gran mentira, me cagué de miedo pero traté de evitar que  se notara y dar la impresión de control sobre la situación. “Levántate que vamos a dar un paseo” dijo el abogado, respondí que quizás era mejor quedarnos en el bar ya que hacía frío afuera, esa respuesta no fue de su agrado, puso cara de molesto y me dijo que dejara de hacerme el payaso. El abogado con poca paciencia hizo un gesto a los gorilas los que inmediatamente ingresaron al bar, pero antes de que llegaran se acercó el barman con cara de tremenda determinación y mostrando que había puesto atención desde el principio dijo “de este bar no se va nadie sin que yo lo permita” lo cual me dio un respiro por unos segundos, pero al darme cuenta de la inferioridad numérica que teníamos me asustó que la situación se pusiera compleja y hubiera un desenlace sin control. 

La caminata de los gorilas hacia donde estábamos se me hizo eterna y en cuestión de segundo me exigía tener un plan de acción, el cual no llegó sino hasta tener un poco más de cerca a los gorilas y darme cuenta que eran parte de los guardias que me habían identificado en la fiesta como el Gerente2012 de twitter y por su afecto al personaje me habían dejado ir. Una vez que los guardias estaban al lado de nosotros vi que uno me había reconocido ,dejé que la situación se pusiera más tensa aún antes de intervenir. El abogado tenía cara de molesto, se notaba que no tenía el control de la situación y Chief sudaba mostrando un miedo que lo hacía ser sólo un distractor. Cuando el silencio duró unos minutos y las miradas se cruzaban de un lado a otro interrumpí el silencio y dije “no dejemos que esto se nos escape de las manos”, dirigí mi vista al abogado y le dije “tú no me conoces y no sabes en que problema te puedes estar metiendo, pero seré justo. Ayer te amenacé con algo que no debía y debo pagar por ello, por lo que te propongo que yo, el barman y tus dos gorilas nos vayamos  fuera del bar y arreglemos esto con una golpiza de tus hombres hacia mí, para que te desquites''. Al abogado le pareció una buenísima oferta, le daba una salida magistral a la que no podía resistirse y obviamente accedió.

Una vez fuera del bar, uno de los gorilas me dice “El Gerente2012 otra vez en problema, ya parece broma amigo”, miré al barman con cara de darle una explicación, pero antes el me dijo “no tienes nada que explicar, hace mucho sé que eres Gerente2012 de twitter  y también soy tu seguidor, pero eso te lo explicaré en otro momento”. Mi asombro y mi ansiedad por saber cómo el barman sabía eso no duró mucho, ya que al ser experto en manejo de crisis de todo tipo, mi mente rápidamente ordenó las prioridades y asignó la primera posición a salir cuanto antes de la compleja situación.

Les propuse a los gorilas fingir que me pegaban y hacer ruido para que lo creyera el abogado, uno de ellos me dijo que era una buena idea pero debía haber marcas de la golpiza o de lo contrario el abogado no creería la actuación. El otro gorila manifestó que conocía una técnica que permitía dejar una marca en un ojo sin causar dolor, pegando un golpe justo alrededor de este. Le pregunté varias veces si lo había hecho antes y me dijo que era parte de su rutina diaria, no muy convencido accedí.

El golpe, lejos de darme en el ojo, me dio de lleno en la nariz causándome un tremendo dolor que me hacía gritar como loco, sentí que tenía una fractura. La sangre que brotaba por mi nariz había teñido de rojo el pecho de mi camisa blanca, la evidencia de la golpiza ya estaba, pero no sabía si lo que me molestaba más era el dolor que no cesaba o la risa del barman quien parecía disfrutar de la situación.

Una vez que nos acercamos a Chief y el Abogado, la cara de este último fue de completa satisfacción, dado que mi nariz hinchada y colorada como la del reno navideño y mi camisa ensangrentada eran suficiente muestra de que su venganza había sido efectuada. No pasó mucho tiempo en que se fueran y me quedé sólo con el barman quien me dijo que parecía una niñita gritando, me pasó hielo y me dijo que no era una fractura por lo que no me quedarían marcas.

Sin ganas de aclarar nada me fui a mi habitación con el hielo en la cara y en una facha que parecía saliendo de la película de “el club de la pelea”. Llegué a mi habitación rogando por un descanso y al llegar a mi cama me encuentro con una nota que decía “te tengo que ver, no dejo de pensar en ti” y al ver la firma me di cuenta que era de la nieta del viejito. Me puse a dormir pensando en ella y en que por más que había tratado de alejarla de mi mente no lo había podido lograr,  lo cual me dejó bastante confundido.

domingo, 9 de septiembre de 2012

DIARIO DEL GERENTE - CAPITULO 7 "A LA PUNTA DEL CERRO"


TWITTER NOVELA: @DiarioGerente


Capítulo VII, A la punta del cerro.

El Lunes desperté en el hotel después de un fin de semana bastante complicado, la muerte del viejito el viernes, el velorio del sábado y el funeral del domingo envolvían una serie de pensamientos respecto de su paso por mi vida, además los recuerdos de su hermosa nieta, verla en un estado de debilidad hizo que apareciera una conexión emocional un tanto extraña que trataba de olvidar.

Como era feriado me levanté con ganas de hacer algo diferente, después de revisar varias alternativas decidí hacer lo que muchos me han querido decir pero pocos se han atrevido, me iría a la punta del cerro, pero a esquiar. Así que me levanté y preparé una pequeña maleta por si  me daban ganas de pasar la noche en el centro invernal.

Me subí al auto, al que ya habían reparado la ventana destruida por los guardias de la fiestecita esa y salí rumbo a las pistas de esquí. Noté que la ansiedad era mucho menor a la de hace quince años, cuando llegaba antes que abrieran las pistas. Ahora pasaría a almorzar y de seguro llegaría al restorán antes de que abrieran la cocina, como dijo un amigo.

Eran casi las tres de la tarde cuando me subí a los esquís e hice la separación más dolorosa que me ha tocado, dejé mi teléfono y me fui a esquiar. La brisa era helada y se acercaban nubes de mal tiempo por lo que aproveché lo que más pude. Luego de  una hora paré un rato, no sólo por el cansancio también porque había sido mucho rato sin interactuar con mi teléfono. Tomé un trago, comí unos snacks y volví a esquiar hasta las seis y media de la tarde. Me dio frío y mucho cansancio por lo que decidí pasar la noche en el hotel del centro invernal.

Después de instalarme en la habitación y darme un grato baño, me vestí con ropa casual pero elegante y me dirigí a los comedores.  Recorrer los pasillos bien temperados del hotel y al mismo tiempo mirar por las ventanas como caía fuertemente la nieve me daba una placentera sensación. Pensaba qué sería mejor; unirme a la mesa de alguien o comer solo en una mesa, “lo veré allá” me dije.

Al llegar al comedor, por la entrada hecha sólo para los huéspedes del hotel, lo primero que me percaté era que había un par de mesas con mujeres solas que me miraban como invitándome a acompañarlas, “me traiciona mi inconsciente” pensé. Para detener mi instinto de ir a sentarme con alguna de ellas seguí viendo a todas las personas que estaban sentadas también a las que llegaban por la entrada de las personas que no alojaban en el hotel y sólo venían a comer. Mi sorpresa fue máxima cuando me di cuenta que la hermosa mujer que llegaba junto a un hombre de unos cuarenta años era mi esposa. En un primer momento quedé aturdido y sin aire, como si me hubiesen pegado un combo en el estomago y así fui viendo el trayecto que hacían hasta llegar a una mesa que, al parecer,  tenían reservada. Me sentí pésimo, sentí que era muy injusto todo, mi esposa me engañaba mientras yo hacía un esfuerzo máximo por portarme bien. Eso me llenó de rabia la que me hizo recuperar el aliento, pero sin saber qué hacer. Mientras canalizaba mis emociones, pensando en qué tan injusto era en realidad después de mis muchas infidelidades, miraba como el patán que la acompañaba se hacía el galán moviéndole la silla para que se sentara y ella agradecía con una sonrisa bien coqueta. Me empecé a descomponer mientras mi cabeza debatía qué era lo mejor, caerme a trompadas sobre el imbécil petulante del acompañante, hacer una escena de celos y armar un escándalo, volver a mi habitación y hacer como que no vi nada, pasar a saludarlos, etc. Mientras mi cabeza analizaba cual de todas las alternativas era la mejor me percaté que yo conocía al idiota fanfarrón, no recordaba de donde pero no hace mucho lo había visto en algún lugar, por lo que me enfoqué en pensar donde mierda había visto al hijo de puta ese. Luego de  divagar unos minutos y observar su rostro recordé donde lo había visto,  en la fiesta del jueves, él era uno de los hombres que corría a poto pelado por los salones de la casa donde se había efectuado la fiesta, lo cual me produjo una gran alegría ya que la información que tenía de él me daba poder y  control sobre la situación.

Decidido me acerqué a un mozo con el que conversé unas palabras y me fui directo a la mesa donde al llegar saludé como si nada. Mi esposa estaba completamente colorada como la cara de un niño que es descubierto haciendo una maldad, en cambio él puso una cara de canchero que luego borraría y la cambiaría por cara de sorpresa. Me senté sin que me invitaran y antes que mi esposa me presentara al hombre con cara de arrogante le hablé directamente “¿te conozco?, creo que te vi en un seminario de gente importante el jueves en la noche”, palabras que hicieron que el hombre se atorara y pusiera cara de preocupación, la cual pasó a cara de espanto cuando se acercó el mozo, con quien  había conversado segundos antes, y le entregó un papel que yo había escrito que decía “Mira hijo de puta, ahora te paras y te vas dando una excusa, tienes un problema y debes salir urgente o yo me pongo a hablar de tus corridas a poto pelado”.  El hombre con cara de terror  dijo torpemente unas palabras y salió  del lugar ante el asombro de mi esposa, quien  me trató de explicar la situación, le dije “no tienes nada que explicar mientras estemos solteros”.

Cuando ordenábamos la comida me percaté que el tipo había olvidado una carpeta sobre la mesa, estaba abierta y al observarla me di cuenta que eran los papeles del divorcio donde en la primera hoja estaba  escrito a mano y en forma atravesada “Anular tramitación de divorcio”, por lo que entendí que el hombre era su abogado. Al ver que observaba los papeles me dijo que no creyera que esto significaba que volveríamos, sólo había detenido la tramitación del divorcio para poder aclarar ciertos asuntos y tomar decisiones. Yo le dije que no habláramos de eso, que hacía tiempo no conversábamos y que esta era una oportunidad para ponernos al día, ella accedió pero mirando mi teléfono, por lo que a buen entendedor pocas palabras, lo tomé y con el dolor de mi alma lo apagué.

Así el destino de la noche estaba trazado, conversaríamos de lo que nos había ocurrido en los últimos días a cada uno, yo le contaría del funeral del viejito eso sí omitiendo la parte de la nieta y ella me contaría de sus cosas. Al final de la comida, pagaría la cuenta como buen caballero que soy, le pediría un transporte para que volviera a la ciudad y me iría a dormir solo otra noche más.


miércoles, 25 de julio de 2012

DIARIO DEL GERENTE - CAPITULO 6

Capítulo VI, Descansar quiero

No lo podía creer cuando llamaron para contarme la noticia, pero si esa misma tarde había estado almorzando con el viejito recibiendo como siempre sus excelentes consejos y más tarde me avisan que se encontraba en urgencias de la clínica. Salí rápido abandonando todo, cuando me dijeron que él quería hablar conmigo. Manejé a toda velocidad por la ciudad, con el sólo objetivo de llegar rápidamente a la clínica, de hecho no cuestioné cual era el motivo de querer hablar conmigo estando en un estado de tanto cuidado.

Una vez que llegué a la clínica vi a su nieta destrozada, linda mujer con la que había tenido una pasajera aventura algún tiempo atrás. De hecho ella había sido quien me pidió que contratara al viejito como mi asesor. Ella me contó que el viejito había tenido un infarto, pero los doctores no le habían dicho más. Ella no sabía nada del estado clínico de su abuelo, sólo que repetía mi nombre y pedía hablar conmigo en forma urgente.

El viejito, a quien contraté inicialmente por la aventura que estaba teniendo con su nieta, se había convertido rápidamente en una persona importante en mi vida. Cada vez que lo veía sentía la calidez y el cariño de un abuelo y lo más importante tenía una forma de entender los problemas que me ayudaba a encontrar las soluciones adecuadas. Hasta antes de conocerlo nunca había sentido que una persona era más inteligente o astuta que yo, pero con él fue diferente, desde la primera conversación reconocí a una persona con mucha capacidad y experiencia, sumado a que me conectaba emocionalmente, me sentía algo así como su nieto, lo había transformado en una figura de máximo reconocimiento para mí.

Pregunté a la nieta por qué no habían más familiares y ella me respondió que hace mucho tiempo él se había divorciado y su familia cortó toda comunicación, a excepción de ella quien al crecer lo buscó, quería conocerlo y a partir de ahí habían entablado una relación muy cercana. Lo anterior me llamó la atención y comencé a preguntarle acerca de la vida del viejito, pienso lo hijo de puta que fui, durante todo el tiempo que lo había conocido jamás le pregunté de su vida. Ella me contó que el viejito había sido gerente general de empresas de primer nivel, incluso en el extranjero. A los 50 años se dedicó a ser empresario logrando amasar una gran fortuna y tan sólo 5 años después vendió todo y se retiró del mundo de los negocios. A partir de ese momento y por los siguientes 20 años se había dedicado a viajar alrededor del mundo, especialmente a países pobres y a crear fundaciones con fines sociales.

Muy sorprendido por el relato de la nieta, le pregunté por qué el viejito se había hecho asesor de gerencia, dado que suponía un retiro total del mundo de los negocios. Mayor aún fue la sorpresa cuando ella me respondió que no era asesor de gerencia ni nunca antes lo había sido, sólo que cuando le habló de mí había mostrado mucho interés y le solicitó ayuda para transformase en mi asesor. Escuchar ese relato hizo que se me apretara la garganta, pensé que durante todo este tiempo sólo quería ayudarme y no era un trabajo como yo lo creía, lo cual hizo que mi cariño hacía el viejito creciera enormemente.

Luego llegó el doctor con muy mala cara, me levanté rápidamente y nos dijo que el viejito insistía en hablar conmigo. La nieta le indicó que yo era el hombre por el que tanto preguntaba y le hizo un gesto para que pasáramos, pero el doctor aclaró que el viejito sólo quería hablar conmigo y dada la inestabilidad de su condición era conveniente que entrara sólo una persona.

Cuando entré a la habitación lo vi muy mal, lleno de cables y con todas esas maquinas de monitoreo que no paran de hacer ruidos. Me acerqué a él y me extendió la mano para que se la tomara, pidió que me acercara pues quería que lo escuchara.

Con voz muy cansada dijo que me parezco mucho a él cuando era joven, exitoso, arrogante, brillante, pero que estaba siguiendo el mismo camino que lo llevó a perder su familia, se me apretó la garganta y fruncí el ceño para tratar de controlar el llanto. Me dijo que cambiaría todo el éxito logrado por tener el perdón y cariño de su familia, que si pudiese volver a repetir su vida claramente haría las cosas diferentes y se preocuparía de no perder a los que amó. Me dijo que cuando había oído de mi había querido ayudarme, quería que no cometiera los mismos errores que él cometió, así no perdería a mi familia, segundos después puso su mano en mi mejilla y me dijo que yo aún estaba a tiempo para recuperar a mi esposa, lo cual hizo que todo intento por contener las lagrimas fuesen inútiles y me puse a llorar a su lado, le dije que se recuperaría y me seguiría ayudando, ante lo cual el viejito me dijo que su hora había llegado y que para él su redención sería el que yo lograra cambiar y viviese una vida junto a mi familia. Mi llanto creció aún más y le dije que no podía abandonarme, que lo necesitaba y que aún no estaba listo para seguir sin él y mientras seguía hablando el viejito cerró los ojos y los sonidos de las maquinas indicaron que había muerto.

Luego de unos segundos entraron los enfermeros y me sacaron de la habitación, en el pasillo estaba la nieta que, al verme, se lanzó a mis los brazos y lloró amargamente. Minutos después salió el doctor indicando oficialmente que el viejito había muerto, lo cual hizo que la nieta callera en un llanto desgarrador y sólo pude contenerla con mis abrazos.

Una vez que ambos estuvimos calmados, ella se fue a su casa y yo al hotel, pero a diferencia de otras ocasiones, esta noche tenía una pena muy grande y muchas cosas no paraban de dar vueltas en mi cabeza.

DIARIO DEL GERENTE - CAPITULO 5

Capítulo V, Ojos bien cerrados

Cuando cerraba una negociación con el Gerente General de otra empresa a quien siempre le decía Chief, hicimos buenas migas, yo tenía todo el poder de negociación y le extraje todo su excedente, pero para que él quedara con la sensación de que había negociado bien le devolví un poco al final de proceso, quedando ambos muy contentos.

Conversamos un rato y cuando yo le dije que me iba para el hotel le pareció raro y me pidió un poco más de explicaciones. Yo le conté a grandes rasgos que me habían echado de casa y por eso vivía hace unos días en un hotel. El rápidamente dijo que esta negociación merecía una celebración y como él iba a una fiesta muy buena debía acompañarlo. Mi esposa no había respondido el mensaje que le había enviado la noche anterior y llegar a dormir tan temprano al hotel me daba depresión, por lo que el panorama me venía de maravilla, entonces accedí a ir a la fiesta.

Mientras manejaba siguiendo a Chief, sintonicé una canción que escuchaba en la universidad antes de ir a cualquier fiesta, “Tuta Tuta” de los Auténticos Decadentes. Mientras cantaba la canción en al auto no me percaté de las calles que cruzábamos y cuando tomé conciencia me di cuenta que estaba en los suburbios de la ciudad, lo que me pareció muy extraño.

De repente Chief entró a una casa inmensa, cuando me tocó pasar por los guardias noté que estaban armados, me pidieron que guardara el teléfono a lo que accedí sin mayor problema. Una vez que me bajé del auto entramos a la casa donde otros guardias, también armados, nos registraron al parecer asegurándose que no portáramos armas, lo cual me empezó a generar una sensación de desconfianza.

Después de la revisión nos hicieron pasar a un salón grande donde había mucha gente, pude reconocer famosos empresarios y políticos en una escena a momentos aterradora. Me sorprendió mucho ver mesas con recipientes que tenían gran cantidad de cocaína para que consumiera quien quisiera. Me dieron ganas de arrancar del lugar, pero había perdido a Chief y quedé sin saber qué hacer. De repente, a lo lejos lo vi, mi sorpresa fue gigante pues se estaba abrazando y besando a un sacerdote e inmediatamente me pregunté “¿dónde mierda me vine a meter?”. Para peor, segundos después frente a mí pasaba un ex presidente de la república a poto pelado persiguiendo a dos modelos desnudas, mi preocupación fue máxima.

La primera reacción fue irme, pero los guardias del lugar me lo impidieron, por lo que de la preocupación pasé rápidamente al miedo. Mi segunda acción fue meterme a un baño y cerrar con llave, donde me puse a pensar con más calma qué podría hacer. Después de unos segundos vi por la ventana del baño que mi auto estaba cerca de ese lugar. Me pregunté por unos momentos si me convenía salir, meterme al auto y arrancar, pero cuando sentí que trataban de abrir la puerta del baño actué de forma instintiva. Salí por la ventana, corrí hacia el auto y justo cuando me estaba metiendo en él apareció un perro que me mordió la pierna y rasgó parte del pantalón, alcancé a cerrar la puerta mientras el perro se quedó ladrandome muy fuerte. Ante el ruido los guardias salieron con las armas en la mano y se dirigieron a mi auto, mientras yo trataba de esconderme para que no me vieran, pero el maldito perro hizo que mi esfuerzo no sirviera de nada, ya que los guardias me vieron y comenzaron a gritar que saliera del auto. Yo no sabía qué hacer, sólo pensaba que si salía de esta situación me portaría muy bien de ahora en adelante, mientras los guardias decían a gritos “salga del auto”, “páseme el teléfono”, “en esta fiesta no se pueden sacar fotos”, pero yo estaba congelado y no atinaba a nada. Los guardias decidieron romper la ventana del auto y sacarme a la fuerza quitándome el teléfono y llevándome a la cocina de la casa.

Una vez en la cocina, los guardias muy enojados, no paraban de gritarme mientras que uno de ellos revisaba mi teléfono para ver si yo había sacado fotos, por casualidad activo mi aplicación de twitter,me miro sorprendido diciendo “¿tú eres el Gerente2012?, todos nosotros somos seguidores tuyos y nos reímos mucho con tus tweet”, otro guardia dijo que era todo un honor conocerme, por lo que después de un rato estábamos tomándonos un ron compartiendo historias. Después de aproximadamente una hora, me dejaron ir con el compromiso de que yo no revelaría nada de la fiesta y ellos también se comprometieron a no revelar nada de mi identidad, entonces me fui al hotel.

Cuando llegué me crucé con el barman quien al ver mi pantalón roto, por la mordedura del perro, se dispuso a decir algo pero no alcanzó dado que yo le dije “mira weón no quiero que vuelvas hacer bromas con respecto a los pantalones apretados de mariachi, no ando de humor”. El barman se puso colorado y siguió su trayecto hacia el bar y yo hacía mi habitación.

Ya sin adrenalina me acosté, me reí un poco de toda la aventura que había vivido y cuando me disponía a dormir sonó mi teléfono indicando que había recibido un mensaje, al revisarlo vi que era de mi esposa, decía “que duermas bien”, después de leerlo sonreí y me puse a dormir otra noche más solo.

domingo, 8 de julio de 2012

"DIARIO DEL GERENTE" CAPITULO 4


Capítulo 4, Marketing No Sustentable

               
Temprano en la mañana la gerenta de marketing  me solicitaba reuniones en forma desesperada. Estaba claro, ella ya sabía que mi esposa me había echado de la casa y que yo estaba viviendo en un hotel. Como esa mañana tuve muchas reuniones,  el encuentro no ocurrió sino hasta después de almuerzo.

Por otro lado, recibí un mensaje de mi esposa que decía "cualquier opción de reconciliación pasa porque hagas un gesto, despedir a la gerenta de marketing", lo cual me ponía en un problema y a pesar de lo que piense la mayoría me alegraba, ya que resolver problemas y desafíos es una gran fuente de placeres para mí.

La reunión con la gerenta de marketing duró sólo 5 minutos, ya que por un lado tenía una agenda bien copada y por otro no sabía cómo resolvería el problema de modo que no quería exponerme a cometer errores. Acordamos que esa noche cenaríamos en su departamento.

Eran casi las nueve de la noche cuando llegué al edificio de la gerenta de marketing, subí por un ascensor de paredes de vidrio que mostraban una vista panorámica de la ciudad. Me sentía raramente nervioso, de seguro era porque quería que no pasara nada con ella, pero no sabía si podría resistir la tentación. Justo a la hora acordada, como buen caballero que soy, tocaba el timbre de su departamento y ella abría luciendo hermosa. Como buena gerenta de marketing había trabajado muy bien sus "4P" y al darme la espalda puede ver que había trabajado también una quinta "P". Era notorio que se había arreglado todo el día, por esto lo que  primero que se me vino a la mente fue que  no trabajó ese día y que debería descontárselo de su sueldo.

Nos sentamos, me sirvió una copa de espumante rosé y me hizo un cariño en la mejilla, a cada minuto disminuía la probabilidad de que no pasara nada, quizás hasta podría terminar subiéndole el  sueldo. Ella sabía que me habían echado de casa y dijo que creía era una señal de nuestro destino, estábamos hechos para vivir una vida hermosa juntos. Mientras ella hablaba yo sólo veía sus curvas y tenía ganas de decir a todo que sí para seguir la conversación en el dormitorio.

Por  primera vez en la vida escuché  una vocecita, o llamémosla conciencia y me decía que no debía caer en tentación, pero al ver a la hermosa mujer tan bien producida, a ratos la vocecita se dejaba de escuchar. Después de un rato me decidí y la interrumpí "volveré con mi esposa", le dije. Ella me dijo que no le importaba y  ya estábamos aquí así que deberíamos aprovechar, hizo un gesto con el rostro señalando  en dirección al dormitorio. En un principio me dije que ya había hecho suficiente y  ya no podría aguantar más, pero recordé el brillo en  los ojos de mi esposa  el día anterior y sacando fuerzas no sé de donde le dije "No, esto llega hasta acá, cuando partimos sabíamos que esto tenía fecha de vencimiento".

Ella se puso furiosa, me dio vuelta su copa de espumante en la cabeza y  dijo "eres un mamón y escucha bien eres pésimo en la cama, me deberían dar un Oscar por fingir tantos orgasmos". Más enojada aún me dijo "esto no te va a salir gratis maldito bastardo", ante lo cual se activó mi neurona negociadora y le dije "me parece bien, creo que debemos negociar tu salida".

Ella sacó sus garras y me dijo "quiero trabajo como gerenta de marketing en otra empresa y cuatro sueldos por año como indemnización", ante lo que respondí  que conseguiría un sueldo y medio por año, la dejaría trabajando en una buena empresa como gerente de marketing y además le daría una asesoría por cuatro meses. Ella sonrió y me dijo que con dos rentas por año teníamos un acuerdo, rápidamente accedí diciendo “cerrado y ahora me voy”.

Al despedirme dijo que era  mentira  que era pésimo en la cama,  todo lo contrario era genial y  le encantaría nos despidiéramos en su dormitorio. Después de la falta de respeto de darme vuelta una copa en la cabeza no tenía ganas de nada, por lo que fríamente le dije que la despedida ya estaba hecha y me fui rumbo al ascensor. Bajando por este veía las luces de la ciudad con una sensación de tranquilidad, había cerrado un capítulo de mi vida que involucraba una relación con la gerenta de marketing de la empresa que administro.

Manejando en dirección al hotel pensaba en  lo que me había ocurrido en tan pocos días, todo era muy fuerte y también era señal que dentro de mí se estaba produciendo un cambio.

En el bar del hotel el barman me dijo que por el olor se notaba que me habían dado vuelta un trago en la cabeza, “el cambiarse los pantaloncitos  apretados no le trajo suerte amigo mío”, dijo el muy confianzudo. Me tomé un ron y me fui a la pieza a pasar otra noche solo, antes de acostarme mandé un mensaje a mi esposa diciendo que la amaba y la extrañaba. Segundos después escuché el sonido de que el mensaje había sido leído, por lo que esperé un rato su respuesta pero no llegó.

domingo, 1 de julio de 2012

"DIARIO DEL GERENTE" CAPITULO 3


Capítulo III, El Mariachi


El martes salí a un happy hour con un grupo de gente del trabajo, entre los cuales había una asistente comercial que me insistentemente me miraba con una sonrisa cómplice que invitaba a jugar con la imaginación. Pero no era lo mismo que otras veces, mi situación familiar no me tenía de buen ánimo por lo que estaba apagado.

Mientras veía la coqueta sonrisa de la hermosa asistente decidí animarme y  tomé mi trago de ron de un solo sorbo, rápidamente se me fue a la cabeza y el ánimo volvió a mí. No sólo fue ánimo sino también mi creatividad y me dieron ganas  de hacer una locura. Contrataría  unos mariachis e iría a la casa de mi esposa a cantar unas serenatas. Por otro lado estaba la alternativa de llevarme a la asistente comercial al hotel y pasar una muy buena noche. Después de un rato me decidí y me despedí de todos mientras por el teléfono coordinaba con los mariachis para iniciar la locura.

Cuando me junté con los mariachis me dijeron que no era serenata si yo no me vestía como ellos, me pasaron un traje que, después de varios reclamos, finalmente usé. La verdad me sentía ridículo ya que los pantalones me quedaban muy apretados y parecía un mariachi gay. Sorpresa fue la mía cuando llegamos a la casa y los mariachis se bajaron del auto con trajes diferentes al mío, me habían cagado, el único que usaba pantalones apretados era yo y ellos no tenían la más mínima vergüenza de contener sus carcajadas al verme con ese traje tan ridículo. Sorpresa mayor fue ver que había muchos autos en mi casa, todas amigas de mi esposa, por lo que comprendí  que el ridículo sería de una magnitud que no había calculado, todo mi esfuerzo de generar un perfil serio se iría a la basura en un par de minutos.

Mientras cantábamos  la primera canción comenzaron  a salir los vecinos y empezaron  a gritarme cosas como “¿te pusiste los pantalones con vaselina?” o “te ves rica”, en total salieron como sesenta vecinos todos muertos de la risa. Al rato se abrió la puerta de mi casa y salió mi esposa con ocho amigas, ante la sorpresa se llevó las manos a la boca y las brujas que la acompañaban comenzaban a reír a carcajadas.  Unos minutos después la situación era catastrófica, tenía a vecinos, amigas de mi mujer,  mi mujer y los malditos mariachis todos riéndose de mí, por lo que decidí unirme a ellos y reírme con ellos, paré la serenata y comencé a cantar la canción de la película El mariachi de Antonio Banderas, “soy un hombre muy honrado y me gusta lo mejor, las mujeres no me faltan ni el dinero ni el amor….”.

Las amigas de mi esposa la empujaron hacia a mí y ella comenzó a acercarse con los ojos llenos de brillo, el dantesco espectáculo daba resultado. Estando cerca de mí se aproxima a darme un beso, pero cuando estaba a centímetros de mi boca cambió de dirección y se fue a mi oído y dijo “No creas que soy tan pendeja para perdonar todas tus infidelidades por vestirte de payaso y hacer el ridículo de esta forma frente a todos” y cuando se alejaba la tomé y le dije al oído “con una pendeja jamás me habría casado, sé que esto no es suficiente para perdonarme, pero prepárate esto es sólo el comienzo”. Al soltarla ella se me quedó viendo fijamente como para pegarme una cachetada, pero en vez de eso me dio una sonrisa e inmediatamente, muy digna, dio la media vuelta y se fue la casa. Para mí, la sonrisa lo había dicho todo, el reencuentro estaba partiendo pero  no sería nada fácil este proceso.

Posterior a eso me subí al auto entre aplausos de los vecinos y abandoné el lugar. Una vez lejos de mi casa, me surgió la idea de ir al bar a buscar a la asistente comercial para llevarla  a mi habitación, pero algo en mí dijo que por ahora era mejor pasar y me fui en dirección al hotel a dormir solo.

Al llegar, lo poco de dignidad que me quedaba me fue quitado por el guardia de la entrada quien no sólo no me dejaba entrar vestido de mariachi, sino me decía “ándate de aquí maldito borracho”. Después de un rato logré explicarle la situación y llamó al gerente del hotel quien bajó al lobby y mordiéndose la lengua para no reírse me pidió las disculpas.

Para pasar el mal rato fui al bar del hotel y el barman me dijo “¿el de los pantalones bonitos, qué se va a servir?”, el respeto ya lo había perdido por lo que sin ninguna ganas de aclarar quién era, respondí asumiendo la situación “sírvame un ron por favor”.

domingo, 24 de junio de 2012

"DIARIO DEL GERENTE" CAPITULO 2


Capítulo II, La Cena


El lunes logré conversar con mi esposa y acordamos juntarnos a cenar, por lo que para mí la reconciliación había partido.

Cuando vi a mi esposa en el restorán encontré que  se veía más linda que nunca, se notaba que se había producido para el reencuentro.  Al poco rato de la conversación ella dijo con un tono entre rabia y pena  que una cosa es el engaño  pero  otra distinta es que además sea un descarado. Callé, después le tomé la mano y le dije que lo pasáramos bien, pero ella me respondió con una risa llena de ironía.

Mientras yo le comentaba lo que me estaba ocurriendo en el trabajo, sus ojos se empezaron a llenar de lágrimas y de un momento a otro se largó a llorar. Me dijo que yo no la amaba, luego tomó su cartera, se paró y se fue al baño.

Mientras la esperaba pensé mucho en la infidelidad, no entendía cómo ella concluía que no la amaba por el solo hecho de pensar que yo le era infiel. Quizás para muchos pueda parecer obvio, pero  jamás se me habría ocurrido que ella pudiese concluir eso, jamás hasta ese momento.

Después de unos minutos llegó y me dijo, “te voy a dar un rato para que pienses bien y me cuentes  la verdad, cuando vuelva quiero que me digas cuántas veces me has sido infiel”. Estaba claro que no podía responder esa pregunta, no al menos con la verdad como ella quería. Si ella pensaba que ser infiel significaba que no la amaba no lograba imaginar lo que pensaría al saber que sólo en el último mes había sido infiel cerca  de quince veces. Pensé mucho la respuesta, analizaba  las distintas alternativas que podía elegir; una opción era decirle que ninguna vez le había sido infiel o bien asumir un poco de culpa y reconocer sólo  una vez o definitivamente decirle la verdad. Después de mucho pensarlo decidí decirle que nunca había sido infiel. Cuando llegó y me preguntó si tenía una respuesta le dije: “sí, no te he engañado ninguna vez”, ella no pareció sorprendida. Se sentó y me dijo indignada que sabía perfectamente  donde había estado el fin de semana, que también  sabía que me había metido con mi secretaria y la Gerente de Marketing de la empresa. Luego se paró, me pidió las llaves de la casa, dijo  que había mandado mis maletas a un hotel. Calmadamente me  lanzó un vaso de agua en la cara y dijo que esperara la llamada de su abogado.

Quedé desecho, entendí que ella tenía esta venganza completamente  planeada desde antes, El camino más lógico a seguir era contactar a mis abogados para contener los daños económicos de lo que significaría el divorcio, pero después de pensarlo un rato decidí que no jugaría ese camino. Todo contrario me la jugaría completamente por reconquistar a mi mujer.

domingo, 17 de junio de 2012

'DIARIO DEL GERENTE' - ESTRENO

Antes de empezar con el 1er capitulo tenemos que decir que esta es la primera 'Twitter Novela' la cual es interactiva y se publicará un nuevo capitulo todos los DOMINGOS.

Esta Novela ya ha sido un EXITO en Latinoamerica y llega por 1a vez a España.

Twitter Novela: @DiarioGerente #TTNovela

CAPITULO 1: "EL CUERPO DEL DELITO"

El viernes en la noche salí a una fiesta laboral y bebí más de la cuenta. Desperté el sábado en la casa de una hermosa mujer de la que no recordaba el nombre. Tenía veinticinco llamadas perdidas de mi esposa y la bella mujer me tentó a quedarme a liberar endorfinas durante todo el día sábado, invitación imposible de negar para un caballero como yo.

En la tarde planifiqué mi llegada a la casa coordinando con un amigo capitán de la policía, la idea era que me fueran a dejar  y ellos explicaran  a mi esposa que no había llegado porque me habían detenido por error. Cuando llegamos en la noche con la policía era raro no ver ninguna luz prendida, entré a mi casa y mi esposa no estaba, sólo había una nota que decía "esta fue la última que te aguanto". Luego de que se fueran los policías me senté a esperar que ella se arrepintiera pero después de varias horas no llegó, por lo que llamé a una amiga y me fui a su departamento a una "fiesta privada" solos ella y yo. Si bien esta fiesta fue similar a otras, en el fondo me sentía un poco vacío y pensaba mucho en mi esposa.

El domingo cuando llegué a mi casa con la esperanza  que  hubiese vuelto, el vacío fue mayor al ver que no había indicios de ella ni de mi auto, lo que casi me hizo caer en depresión. Traté de contactarla varias veces  y no me respondió, también llamé a casa de mi suegra quien gozaba cada vez que me negaba  hablar con mi esposa.

Para evitar caer en depresión seguí la táctica femenina para subir el ánimo, me fui a comprar un auto nuevo lo que hizo que la tarde pasara más rápido. También compré 300 rosas rojas y las envié a casa de mi suegra, pero la muy maldita no las recibió. Las guardé para el día siguiente, se las regalaría a las mujeres de la empresa. Esta situación que fue bastante graciosa, después de regalarlas me enteré que ese día se celebraba el día del orgasmo femenino, lo cual me hizo entender todas las miradas coquetas que recibí después de haber hecho el regalo.

Con auto nuevo, sensación de libertad de volver a la soltería y de no tener que dar explicaciones a nadie me fui acostar, pero también  tenía un sentimiento de tristeza muy grande. Comenzaba a entender que todos los placeres a los que podía acceder no tendrían gracia ni se comparaban con la sensación de felicidad que me otorgaba ver a mi esposa todos los días.