jueves, 7 de junio de 2012

¡ATENCIÓN! NUESTRO CINE ES COJONUDO





Fuente: Fotogramas.es


Tenemos un cine y unos profesionales que son la envidia de Europa. Por eso hay que quererlo, defenderlo y apreciarlo tanto como lo hacen desde fuera. No dejemos escapar más oportunidades y entendamos que un país se entiende y se construye, sobre todo, sobre su cultura.



No sé si conocen el viejo chiste que dice que si uno escucha a alguien hablar mal de Alemania es francés, si se burla de Francia es inglés, y si lo hace de España es... español. Cualquiera que conozca mínimamente el circuito internacional de festivales o tenga amigos cinéfilos en el extranjero sabe perfectamente que se va a encontrar con una extraña paradoja: en cuanto ponga un pie fuera de nuestras fronteras va a encontrar a un público convencido de que tenemos una de las cinematografías más apasionantes del mundo, pero en casa las cosas son muy distintas. El cine español ha conquistado numerosos hitos internacionales, desde ser el país que más Oscar a Mejor Película de Habla No Inglesa ha ganado en los últimos 20 años (tres veces, con Belle Époque, Todo sobre mi madre y Mar adentro) hasta tener en nuestras filas al autor europeo más laureado de la contemporaneidad: Pedro Almodóvar. Además tenemos una envidiada nueva generación de autores como J.A. Bayona, Jaume Balagueró, Rodrigo Cortés o Nacho Vigalondo, nombres que despiertan admiración. ¿Por qué cuesta tanto que esto se sepa y se celebre?

Cantera de talentos

Hace unos meses escribí un artículo para Screen International haciendo un balance general de nuestra cinematografía. En este panorama de recortes y miserias que padecemos quise ser positivo y, para mi sorpresa, los británicos me pidieron que enfatizara aún más en nuestra sólida reputación de ser una cantera de talentos sobre la que están puestos los ojos de todo el mundo. Es curioso cómo hasta uno se deja empobrecer y arrastrar sin darse cuenta por este clima malsano que se ha creado en torno a nuestro cine y que se deja ver con especial virulencia en algunos medios de comunicación donde dicen verdaderas barbaridades. Lo más curioso es que muchas de esas personas después se definen como fervientes nacionalistas patrios. ¿Por qué tanto orgullo cuando gana el equipo de fútbol nacional, subvencionado hasta las trancas y formado por jóvenes multimillonarios, y tanta inquina con nuestro cine?

Desde luego, podrían buscarse raíces históricas. Ahí están Cervantes en la cárcel, Lorca asesinado o Picasso buscándose la vida en París. Hay una parte de españoles que manifiestan un extraño odio visceral por la cultura que se acrecienta cuando quien la produce es un compatriota; ¡qué lejos nos queda el entusiasmo de Francia por sus propios artistas! Habrá quien se divierta con esta guerra pero el precio lo pagamos todos porque un país también, o sobre todo, mide su potencia económica (por hablar del asunto que más nos preocupa actualmente) por su nivel cultural. Es difícil que nuestra voz se escuche en Europa o en el mundo cuando boicoteamos uno de nuestros grandes activos.

Una gran oportunidad

Sin duda, la polarización política que vive nuestra sociedad no ha ayudado. Durante demasiados años, la cultura ha sido no una cosa de izquierdas, sino de los socialistas, generando un odio cainita entre muchos de aquellos que, con toda la legitimidad del mundo, prefieren votar a la derecha. Desde luego, es fácil ver en el dramático recorte del ICAA, que ha perdido más fondos que cualquier otra actividad cultural (a pesar de los esfuerzos y valía de la directora, Susana de la Sierra), una suerte de venganza del PP contra sus supuestos enemigos. Puede que el sector haya cometido errores, como aquella desproporcionada gala de los Goya contra la Guerra de Iraq (aunque protestar por una guerra parece del todo sensato) o la estampa de artistas e intelectuales haciendo el propagandístico gesto de la ceja. Pero en Estados Unidos, George Clooney o Angelina Jolie se han hartado de gritar que son progres y en nuestro propio país nadie se lo ha tenido en cuenta. El Gobierno tiene ante sí la oportunidad histórica no solo de sacarnos de la crisis; también de escenificar una reconciliación absolutamente necesaria para que podamos prosperar, porque es fundamental que cada vez haya mejores películas si queremos que en el resto del mundo nos valore. El cine es uno de los medios de comunicación más potentes de la actualidad. Es una oportunidad que ni unos ni otros pueden dejar pasar. Ser de izquierdas o de derechas es estupendo, pero lo más importante es ser demócratas y restablecer un espíritu de concordia y buena voluntad que muchas veces brilla por su ausencia.

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